miércoles, 2 de diciembre de 2009

Cuando el orden cae. Nada sobra.

Mirando escenas de "112 minutos que cambiaron el mundo" (video filmado por los mismos ciudadanos que sobrevivieron a la tragedia de las gemelas), uno puede pensar que débil es la fantasía en la que vivimos. Más allá de las divisiones y de quien ataco a quien, y de las imágenes que a uno se le presenten, el hecho de que la vida esté en riesgo, y que el orden que todos construimos, o por lo menos en el que participamos se vea resquebrajado, da la sensación de cuan expuesto y a la vez cuan desconectado está el ser humano.

Cuando sucede algo que nos pone en jaque, algo en donde la fuerza social, o racional no puede hacer nada, y se ve totalmente disminuida, el hombre se abisma a un conjunto de posibilidades y situaciones inmanejables que realmente le provocan terror. La conmoción puede a veces ser enmascarada, o tapada con alguna especie de excusa que aceptamos por no querer aceptar este abismaje. Pero la realidad es que de alguna manera, esta exposición produce un sentido de inseguridad, en donde sólo queda nuestra vida y nuestra muerte.

Se ha escuchado que, lo único seguro que es seguro, es nuestra muerte. Y por contraste, nuestra vida. Pero ante esto, y tomándolo en cuenta a la hora de actuar, ¿Qué significa? ¿Qué provoca? Recuerdo el relato de una película, en donde el protagonista sabe que va a morir, y hace todo lo que nunca se animó a hacer. Esta conciencia de muerte, de alguna manera, lo hace a uno jugarse entero. Porque sabe que no tienen nada que perder. No hay prestigio social, desaparecen ciertas fantasías que antes tomaban enorme presencia y nos mantenían atados, de alguna forma ponen en juego nuestra totalidad. Pero el hecho es que no es así como vivimos. Antes que esta verdad (que es de lo único que podemos estar seguros) están todas nuestras otras verdades, y de alguna forma, nos dejamos esperando hasta la hora de la muerte. (¿Será por esto que le tenemos miedo a morir? ¿Por qué no vivimos lo suficiente?) Esta es nuestra desconexión. Y esa la caída de nuestra fantasía.

Cuando lo que nos sostiene (seamos fantasías sin fondo o no) cae, nos exponemos a nosotros mismos. Nos enfrentamos a un mar oscuro lleno de posibilidades. Y es ahí, donde realmente vivimos, y nada más. Este es el punto, donde nada sobra.


Gabriel Bergonzi.

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